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Cosmeticorexia: cuando la belleza deja de ser cuidado y se convierte en obsesión

Cosmeticorexia: la obsesión estética que ya mira a nuestras hijas

Un relato desde la mirada de una madre que observa cómo el juego inocente puede transformarse en presión social.

Mi hija tiene dos años. Cada mañana, cuando me ve aplicar mi rutina de skincare, me pide que le ponga también a ella. Ahora es un juego, pura imitación, como cuando quiere ponerse mis zapatos o pintarse con los rotuladores. Pero sé que algún día tendrá acceso a internet, verá tutoriales de maquillaje en TikTok y YouTube, y ahí la inocencia se mezcla con algo más complejo: la cosmeticorexia.

La cosmeticorexia es esa obsesión por los cosméticos y tratamientos estéticos que ya preocupa a psiquiatras y dermatólogos. El doctor Víctor Navalón advertía recientemente en CuídatePlus que este comportamiento “implica riesgos peligrosos” para adolescentes. Y no es solo teoría: cada vez más niñas de 10 o 11 años muestran en redes sociales rutinas de skincare con productos antiarrugas.

Recuerdo a una amiga que me contaba cómo su hija de 11 años le pedía cremas antiarrugas porque las había visto en un vídeo de una influencer. O el caso de otra madre que descubrió que su hija se gastaba la paga en mascarillas faciales “porque todas sus amigas las usaban”. Estos ejemplos no son aislados: un estudio publicado en Enfermería Dermatológica advierte que el consumo precoz de cosméticos está ligado a la presión social y a la exposición constante en redes.

Los riesgos son reales: irritaciones en la piel, alergias, ansiedad, dismorfia corporal y, sobre todo, la idea de que la belleza externa es más importante que la interna. Como madres, educadoras o cuidadoras, nos toca acompañar y ofrecer alternativas más sanas.

Cómo detectar la cosmeticorexia en casa

Los signos tempranos pueden pasar desapercibidos si no estamos atentas. Algunas señales de alarma aparecen en gestos cotidianos: tu hija no quiere salir de casa sin maquillaje, aunque sea mínimo; dedica demasiado tiempo a rutinas de belleza vistas en redes; se compara constantemente con influencers o celebridades; o invierte dinero en productos cosméticos sin supervisión. Según la dermatóloga Paloma Borregón, “los niños quieren parecer mayores, y eso les lleva a usar productos que no necesitan”.

Cuando mi hija me pide crema, sonrío. Pero también pienso en lo que vendrá. Y no es solo mi preocupación: el estudio en Enfermería Dermatológica advierte que el abuso de cosméticos en menores está ligado a ansiedad y dismorfia corporal. Estos signos tempranos son la primera llamada de atención para que actuemos desde casa.

Qué dicen los expertos

El psiquiatra Víctor Navalón lo explica con claridad: la cosmeticorexia no es un diagnóstico oficial, pero sí un comportamiento peligroso que puede derivar en problemas emocionales. Y la dermatóloga Paloma Borregón añade que “los niños quieren parecer mayores, y eso les lleva a usar productos que no necesitan”. Estas voces profesionales confirman lo que muchas madres sentimos: que no es solo un juego, sino una tendencia que puede afectar a la salud física y mental de nuestras hijas.

En un reportaje de RTVE, se alerta de que cada vez más niñas de 9 y 10 años consumen rutinas de belleza en redes sociales, lo que normaliza el uso precoz de productos cosméticos. La Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia advierte que este fenómeno puede convertirse en una “epidemia silenciosa” si no se aborda desde la educación y la familia.

Alternativas prácticas y terrenales

En lugar de prohibir, podemos ofrecer alternativas que devuelvan la belleza a lo cotidiano. En mi casa, cuando mi hija quiere “hacer skincare”, le enseño a lavarse la cara con agua y jabón suave. O pintamos juntas con acuarelas, y le digo que esos colores también son belleza. Obviamente, mi hija todavía es demasiado pequeña para entender el valor del autocuidado, pero en un futuro compartiremos nuestras rutunas, adaptadas a nuestra edad y necesidades. No se trata de demonizar un momento tan sagrado como el de una "skincare" en familia, todo lo contrario, se trata de integrarlo en su rutina, al igual que el peinado del cabello o el cepillado de los dientes, como parte de su autocuidado, pero nunca como una obsesión por querer ser o aparentar una edad que no se tiene. 

Otra madre me contó que convierte la hora de peinarse en un ritual de conversación: mientras desenreda el cabello de su hija, le pregunta cómo se ha sentido en el día. Son rutinas naturales, juegos sencillos, pero que enseñan que la belleza es cuidado, calma y conexión, no obsesión.

También podemos enseñarles que la belleza está en cuidar una planta, preparar una infusión juntas o elegir ropa cómoda que las haga sentirse bien. Son gestos pequeños, pero ayudan a que la belleza se viva como cuidado y conexión, no como presión.

Un recurso para reflexionar

Si quieres profundizar más, te recomiendo este vídeo que explica cómo la industria cosmética influye en adolescentes y qué podemos hacer como familias:

Prevención y acompañamiento

Los expertos recomiendan tres pasos sencillos:

  1. Limitar el acceso temprano a redes sociales, especialmente a contenidos de belleza no adaptados a su edad.
  2. Fomentar la autoestima con actividades creativas: pintar, bailar, cuidar plantas, escribir un diario.
  3. Convertir el cuidado en un momento compartido: aplicar una crema suave mientras hablamos de cómo nos sentimos.

El reto no es evitar que nuestras hijas se interesen por la belleza, sino enseñarles que la belleza es también calma, juego y conexión.

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Reflexión final

La cosmeticorexia es más que un término de moda: es un espejo de cómo la sociedad presiona a nuestras hijas. El vídeo Cosmeticorexia: la peligrosa obsesión por la belleza lo muestra con crudeza: niñas atrapadas en rutinas que deberían ser juego. Como madres, podemos devolver la belleza a lo cotidiano: un peinado compartido, una infusión preparada juntas, una planta que cuidamos cada día.

La belleza no debería ser una carga, sino un espacio de seguridad, ternura y conexión.

Este artículo está escrito desde la experiencia cotidiana, con rigor y ternura, para que madres y familias encuentren un espacio seguro de reflexión. Basado en fuentes como CuídatePlus, Enfermería Dermatológica, PM Farma y RTVE.

Si este tema te preocupa tanto como a mí, te invito a compartir tu experiencia en los comentarios y a explorar otros artículos de Micronatura sobre autocuidado y rituales familiares. La conversación es parte del cuidado.